En España, la seguridad privada es un pilar silencioso en la protección de infraestructuras críticas. Aeropuertos, centrales, estaciones… lugares donde cada decisión cuenta y donde no debería haber margen de error.
Pero la realidad que viven muchos vigilantes de seguridad, especialmente en el centro de control del Aeropuerto de Barcelona, demuestra todo lo contrario.
Segurisa: formación mínima en un puesto máximo
La empresa Segurisa, responsable de esa parte de la seguridad en este aeropuerto, coloca a vigilantes recién llegados en el centro de control sin ofrecerles formación específica para el puesto.
No existe un plan de adaptación oficial ni un protocolo estructurado. Los vigilantes aprenden sobre la marcha, dependiendo casi por completo de lo que sus compañeros puedan enseñarles entre turno y turno.
El resultado es que trabajadores que deberían estar preparados para reaccionar ante emergencias, coordinar protocolos y garantizar la seguridad de miles de pasajeros, comienzan a trabajar prácticamente a ciegas.
El contraste: 40 horas frente a cero
Lo más llamativo es la comparación con otros sectores.
Un empleado nuevo en un restaurante de comida rápida internacional (por ejemplo una que tiene un payaso de representante y empieza por Mc) recibe, de media, entre 40 y 60 horas de formación inicial antes de enfrentarse al público. Se les enseña en manuales, simulaciones y con tutores que supervisan su progreso.
En cambio, un vigilante en un puesto de control aeroportuario no recibe ni una sola jornada formal de preparación para esa tarea concreta. Su “formación” se reduce a la experiencia general del curso TIP y a lo que pueda aprender de compañeros en sus primeros días.
En otras palabras: más formación para freír patatas que para controlar la seguridad de un aeropuerto internacional.

Seguridad nacional con medios precarios
Este contraste no es un simple detalle: hablamos de la seguridad nacional.
Mientras que en un restaurante el peor error puede significar una comanda equivocada, en un centro de control aeroportuario un fallo puede suponer dejar abierta una puerta restringida, no detectar una amenaza o retrasar la respuesta a una emergencia.
Y, aun así, la formación que reciben los vigilantes es mínima.
La exigencia: seguridad real, formación real
Desde Unión de Vigilantes exigimos a Segurisa y a todas las empresas del sector que dejen de improvisar.
La seguridad no se puede sostener en la buena voluntad de los compañeros.
La seguridad necesita protocolos claros, planes de formación inicial y seguimiento continuo.
Porque si algo ocurre, la responsabilidad no puede recaer únicamente en el trabajador que nunca recibió la preparación adecuada.
👉 La seguridad real necesita formación real.
Unión de Vigilantes seguirá denunciando estas prácticas y defendiendo la dignidad y la preparación de todos los profesionales del sector.